¡Hasta siempre, Naruto!

Un dos amigos das Metrópoles, José Andrés Santiago, teórico da bd especializado en manga e membro da acdc, ademais de otaku, está agora no Xapón e fainos chegar este texto co gallo do fin dun dos mangas máis coñecidos e exitosos da historia do cómic: Naruto.

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Hoy, como cada lunes, se pone a la venta el volumen semanal de la revista Shônen Jump. No obstante, el número de hoy es especialmente significativo porque incluye – tal y como se habían anunciado hace ya unas semanas – los dos últimos capítulos del manga superventas de Masashi Kishimoto: Naruto.

El desenlace – tosco y predecible – es, por otra parte, el esperado por millones de fans en todo el mundo ¿Acaso alguien imaginó un final sorprendente con grandes giros argumentales? Naruto es una fábula clásica, una historia «de manual», un manga perteneciente a la revista shônen «mainstream» por antonomasia. Como tal, Naruto adolece de muchos de los males del manga comercial (más conformista y ordinario) pero también de sus virtudes: la capacidad de emocionar a millones de lectores en todo el mundo y de marcar el ritmo de la industria es algo sólo al alcance de unos pocos títulos. A lo largo de las últimas dos décadas, varios de esas obras de referencia han compartido espacio en las páginas de la Jump, la revista matriz de Naruto.

A pesar de los altibajos en el desarrollo general de la obra, es justo reconocer que, en su conjunto, el resultado final raya a un nivel muy alto, máxime si tenemos en cuenta que se ha venido publicando con regularidad semanal durante más de 15 años. Exigirle a un autor que mantenga las dosis de acción, intriga, originalidad o desarrollo narrativo y de personajes al máximo nivel durante tanto tiempo es una tarea titánica e irrealizable (o en su defecto, al alcance de muy pocos autores). El bagaje general del manga para el aficionado medio es, en general, positivo; pero para la industria del cómic su éxito es incuestionable y demoledor, y es justo reconocer que la internacionalización del manga desde la segunda mitad de la década de 1990 no se podría entender sin el auge global de Naruto a partir del año 2000.

NARUTO_002 copiaNo podemos olvidar en ningún momento la dimensión colosal de la obra: una serie que se ha prolongado durante 15 años y 700 capítulos; casi 14.000 páginas recopiladas en un total de 72 tomos. En este sentido, Naruto es una de los mangas más longevos, máxime al tratarse de un manga puramente comercial y que plantea un desarrollo narrativo de principio a fin, y no una fórmula de capítulos autoconclusivos o de pequeños arcos en los que se repite siempre un mismo patrón. Si se compara con otros grandes títulos del shônen de acción, las cifras hablan por si solas: mangas de renombre como Dragon Ball, Slam Dunk, Rurouni Kenshin o Inuyasha se recopilaron en 42, 31, 28 o 56 tomos respectivamente. Además, al manga se suma una serie de anime con más de 500 capítulos hasta la fecha, numerosas películas, videojuegos y merchandising.

Cuando una serie de esta importancia termina, hay que hacer balance de lo bueno y de lo malo en su conjunto – no con el estómago o el corazón, sino con la cabeza – y aunque la falta de frescura o el desencanto de la última etapa pueda pasar factura, hay que intentar ser lo más objetivos posible. El desenlace de Naruto no será del gusto de todos, y durante meses muchos aficionados debatirán con vehemencia, esgrimiendo argumentos tanto a favor como en contra. Los males de los que adolece Naruto como obra total son en su mayoría herederos del propio sistema de la industria del manga: una serie dilatada en el tiempo y supeditada a la opinión y feedback de un público terriblemente heterogéneo que no siempre coincide en edad y gustos. A ello se suman las lógicas expectativas del editor y de la industria asociada, y al final conlleva sacrificios creativos que un autor independiente hubiese pasado por alto. Naruto ha deleitado a sus aficionados durante 15 años a un muy buen nivel. Todos aquellos lectores que en un momento dado hemos pensado “esto lo habría hecho yo mejor” debemos rendirnos ante la inevitable evidencia y asumir que, en realidad, es nuestra vanidad de otaku quien habla. Kishimoto ha hilado a lo largo de 3 lustros una historia con cientos de personajes, situaciones y pequeñas tramas, dando forma a un universo y un imaginario fantástico, vasto y de gran densidad.

NARUTO_005 copiaLa maquinaria del manga es implacable, y rara vez permite que una serie sea meditada y trazada con tiempo o pueda gozar de las pausas de la actividad creativa. Cada semana cientos de mangas tienen una cita ineludible con los lectores y ello obliga al autor a mantener un ritmo creativo de primer nivel (trama, personajes, guión, narrativa y dibujo), a menudo sin tiempo para recapacitar o pensárselo dos veces. Esta es, quizás, una de las grandes tragedias y atractivos del manga: Naruto nunca tuvo un final claro…, sino que se fue construyendo, madurando, creciendo a medida que lo hacían los personajes, el autor, y los propios lectores. Por todo ello, hay que reconocer que Naruto ha sido una serie realmente influyente que marcó una época. Ahora tal vez no sea fácil de ver, pero dentro de 10 o 20 años es muy probable que se vea con otros ojos. Una justicia que a menudo otorga la mirada desde la distancia… y una buena pátina de nostalgia.

En España Naruto se ha publicado (a falta de los últimos volúmenes, dado que la serie acaba de terminar en Japón) en formato tankôbon idéntico a la edición japonesa por tres sellos distintos (Glénat, EDT y Planeta). Nunca me ha parecido determinante para el éxito comercial de esta obra con qué editorial se publica en nuestro país, aunque es justo reconocer que Glénat era el referente indiscutible cuando Naruto se estrenó en castellano en el año 2002. Más influyente ha sido sin duda la traducción de Marc Bernabé, con sus aciertos y discrepancias (en mi opinión, muchos más de los primeros), hasta el punto de moldear la serie e imprimir un toque personal sin el cual no habría sido lo mismo. Puedo imaginar el riesgo y la responsabilidad del traductor cuando empieza una serie que no sabe cuando va a terminar y que por tanto no puede evaluar en su conjunto. Cuando se trata, además, de un manga de la Jump que viene avalado por su éxito en Japón y su buena acogida en diferentes mercados internacionales, el peso debe ser doble. No sé qué pensará Bernabé tras estos 15 años, pero yo por mi parte me lo imagino esbozando una sonrisa nostálgica y de cierta complicidad mientras avanza, inexorable, en la traducción de ese último tomo.

En el mercado japonés un fenómeno como Naruto no es tan excepcional. Entre otras cosas, su éxito se ha visto relativizado porque le ha tocado convivir en las páginas de la Jump con One Piece. A lo largo de las últimas dos décadas, entre los aficionados al manganime ha existido una rivalidad entre los seguidores de One Piece y Naruto. En honor a la justicia hay que decir que a nivel de ventas One Piece ha batido todos los récords que existen. Su único rival dentro de la industria es él mismo, y tomo a tomo, año tras año, lucha ya en solitario por superar las cifras de ventas fijadas por el volumen inmediatamente anterior. En ese sentido, Naruto ha sido siempre el manga a la sombra de One Piece. Quizás por ello tendemos a minimizar su importancia entre el fandom y sus cifras de ventas. Sin embargo, los cientos de millones de ejemplares vendidos en todo el mundo dan una idea del fenómeno real del manga de Kishimoto.

NARUTO_003 copiaEn Occidente Naruto es la obra superventas y referente para toda una generación de lectores durante la segunda edad de oro – una edad de madurez editorial – del manga en nuestro país. Son muchas series las que podrían reclamar ese trono (empezando por Rurouni Kenshin, que inauguró este período de la mano de Glénat a finales de los años noventa), pero las cifras de ventas, el número de fieles seguidores, la importancia económica, social y cultural de Naruto son incuestionables. Bleach, Death Note, One Piece, etc. son títulos con buenas ventas, pero ninguno ha podido destronar a Naruto. Es bien sabido que las editoriales de cómic en España son tendentes a la opacidad, y nunca o casi nunca proporcionan cifras de ventas – Joan Navarro ha sido de los pocos que, eventualmente, se atrevió a romper ese tabú – pero es un secreto a voces que Naruto es el manga más vendido en España (cientos de miles de ejemplares). Su importancia es tal que el infame «shueishazo» y la consiguiente pérdida de los derechos de la obra por parte de EDT en favor de Planeta prácticamente firmó la sentencia de muerte de la primera.

Naruto no es el mejor manga de las últimas décadas, pero es sin lugar a dudas y por méritos propios uno de los títulos más importantes de la historia del manga en España. Para la gente de mi generación, que crecimos con las series de anime en la televisión, las fotocopias y el intercambio de cromos en el recreo, Dragon Ball es la serie por antonomasia. Pero para los jóvenes lectores que se han enganchado a finales del siglo pasado y a principios de este nuevo milenio, Naruto es «El Manga»: terminó por reconciliar a dos generaciones de lectores, y ha jugado un papel fundamental en la consolidación del mercado del manga y de la cultura otaku en nuestro país.

NARUTO_006 copiaYa se han enumerado los principales defectos de Naruto, deudores de la herencia editorial del manga mainstream: la excesiva interdependencia con el lector, el estar supeditado a plazos draconianos, los intereses económicos del editor, la deriva de la serie en el tiempo, etc., que han terminado por pasar factura al resultado creativo. Pero no por ello se deben olvidar muchas de sus grandes virtudes: Kishimoto puso en escena un elaborado universo, un imaginario icónico y de gran detalle, un mundo de shinobis de fantasía donde tecnología contemporánea se entremezclaba con artes marciales y superpoderes, batallas, tramas y conspiraciones, humor, romance y una buena dosis de «konjo manga» (lit. redaños). Todo ello entremezclado con mitología del universo budista y sintoísta, del folklore tradicional japonés y los yokai. Técnicas, personajes y nombres de los protagonistas beben de muchos referentes clásicos de la cultura nipona, pero también lo sazona con elementos comunes del día a día y de una cultura popular más frívola e irreverente. A fin de cuentas ¿que ninja en su sano juicio se vestiría de naranja?

Asimismo, Kishimoto logró articular con acierto una trama compleja en la que se interrelacionaban multitud de personajes carismáticos, que no jugaban simplemente un papel de relleno o iban perdiendo protagonismo a medida que se desarrollaba la historia. En ese sentido, Naruto ofrece un elenco tan amplio y variado como seductor. Coherentes en planteamiento y maduración personal, la mayoría de estos personajes han desempañado con acierto su rol en la trama, cautivando a millones de lectores de todo el mundo. Los capítulos que narran la lucha a muerte de Sarutobi Asuma a mediados de la serie son sintomáticos del sentir general del público: Asuma no era un personaje más, y su «muerte» es uno de los momentos más recordados por muchos aficionados. Sólo cuando el autor ha conseguido conectar empáticamente con los lectores a través de los personajes se puede lograr este efecto. Más aun, a pesar del “maltrato” de Kishimoto hacia sus personajes femeninos (anclados en roles bastante conservadores, aunque no del todo ajenos a la propia sociedad nipona), Naruto cuenta entre sus logros el de haber atraído a un gran público femenino. Los diseños han jugado un papel importante en el éxito comercial tanto del manga como de todos los productos asociados. La importancia de Naruto en el mundillo del cosplay en nuestro país es una prueba del acierto comercial de Masashi Kishimoto: Las bandanas, los peinados, las técnicas o los enigmáticos diseños de los malvados Akatsuki parecen hechos a propósito para el cosplayer. Naruto es un manga «de manual»,  pero con una ejecución sobresaliente.

NARUTO_007 copiaEn general, la maestría técnica de Kishimoto es notable – la linea definida, el dibujo a gran nivel, la narrativa general, la distribución de viñetas y paginado, diálogos, etc. – sobretodo si se compara con otros manga mainstream de igual periodicidad. Como suele pasar con series que se alargan tanto en el tiempo, la evolución y perfeccionamiento de todos ellos han sido, si cabe, todavía más notables. A nivel personal, si algo me ha cautivado de Naruto desde siempre ha sido el uso del color por parte del autor. La paleta de colores, con terciarios muy bien seleccionados y pequeños destellos de colores primarios o secundarios redondean el conjunto. En ese sentido, el capítulo 700 con el que se cierra la historia es una delicia visual, un regalo de despedida de Kishimoto, que recompensa a los lectores con un último episodio enteramente a color.

Naruto es un claro ejemplo de lo mejor y de lo peor del Manga, con mayúsculas. En ocasiones frustra y enfurece al aficionado hardcore, en desacuerdo con las decisiones creativas del autor; otras veces ilusiona, emociona y hace soñar. Aunque algunos crean lo contrario, millones de lectores van a echar de menos al ninja más imprevisible de todos… Yo, sin duda alguna, me cuento entre ellos. Gracias por 15 años de diversión.

¡Hasta siempre, cabeza de chorlito! ¡Hasta siempre, usuratonkachi!