Futbolín – Alessio Spataro

Tralla brava!

Muchas veces he escuchado decir a Xurxo Souto «Somos un pobo creador!» Una frase hermosa para definirnos, aún así no deja de ser paradójico el hecho de que una novela que es a un tiempo bio y gráfica (disculpen la broma) titulada futbolín, que está dedicada a contar la vida de Alexandre de Fisterra (Alexandre Campos Ramírez) el inventor del «matraquiño», sea obra de un italiano. Bueno, también podemos tomarlo como una muestra del internacionalismo del que siempre hemos hecho gala… emigrando.

La historia de este libro se centra en Alexandre, un chico inquieto y creativo que vive el comienzo de la guerra civil en Madrid, donde conoce a grandes intelectuales como León Felipe o Neruda. Herido en un bombardeo, pasa la convalecencia en Barcelona, precisamente allí, es donde inventa el futbolín, para poder jugar con sus compañeros heridos. A partir de ahí la vida de Alexandre es un continuo ejercicio de supervivencia y de exilio, pasa primero a Francia y luego a Sudamérica donde vivirá décadas.

El libro mantiene al lector interesado e inquieto por avanzar en la azarosa vida del personaje, el dibujo es agradable, con sólo dos colores azul y rojo, y con un aire caricaturesco que ciertamente le quita dramatismo a gran parte del libro; aunque el autor es capaz de dotar al dibujo de una capacidad expresionista áspera y contundente cuando es preciso.

La única pega (pequeña) en el guión es que aunque la vida de Alexandre es realmente interesante y tuvo unas amistades de gran importancia a nivel intelectual como Sartre o Camus, o incluso histórico como el Che Guevara, el autor mete «con calzador» otros personajes que nada tuvieron que ver con nuestro compatriota, así, aparecen Hemingway o Orwell, en momentos que nada tienen que ver con la narración llevando a veces a la confusión y a la perdida de ritmo, ya que, la aportación de estos personajes a los hechos relatados es nula.

Como es lógico en una vida tan agitada como la de Alexandre, Spataro juega a dejar claro oscuros en la narración, incluso da versiones contradictorias, como en el momento final del libro en el que Ramón Chao le cuenta a su hijo Manu (si, el desaparecido) que hay dudas sobre algunos aspectos y lealtades de la vida del protagonista.

Futbolín es un libro ameno, con buen ritmo narrativo que se lee de una sentada, aunque anda por las 300 páginas, en el que recorremos a través de los ojos de Alexandre buena parte de la historia del siglo veinte; guerras, revoluciones, huidas, amores, reencuentros y amistades, y gente muy interesante como Xurxo Souto o Ramón Chao. Para acabar hay que hablar de la poca consideración de la traducción, en la que sistemática y continuamente se deturpa el topónimo de la ciudad de A Coruña para adoptar la forma que tanto adora el famoso ex alcalde de esa ciudad que habla español con las siete vocales gallegas.

Hace años en nuestro país no había bar o taberna por pequeña que fuera que no tuviese un futbolín, y hay una generación entera de gallegos y gallegas que sabemos de memoria este estribillo de la canción que los Diplomáticos le dedicaron.

“Ano trinta e sete, guerra civil, Alexandre de Fisterra inventa o futbolín”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *